17 abr 2013

Maldigo a mi Dios ausente por estas cosas, por las sorpresas desagradables de la vida, por la muerte eterna, por la felicidad efímera. Maldigo a mi Dios por las plegarias no contestadas, maldita mi fe ciega, maldito el dolor sin la razón. Maldito el mundo construido, esta realidad injusta, maldita, maldita la locura cotidiana con la que convivimos. Maldigo y maldigo a esta maldición sin sentido, que me motiva a escribir y roba mi sentir, malditas las palabras que uso para drenar mi convicción. Maldito yo por escribir esto, maldito vos por leerlo, malditos todos.

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